miércoles, 27 de abril de 2016

Acerca de porqué corro. (Y lo entendí en medio del impasse, mientras estoy parada en otras lineas de largada y a 100mts de otras llegadas)

En ese momento tu cabeza está plagada de dudas que sólo pueden ser domadas por esa fe y esa ilusión que te condujeron hasta la línea de largada.
Arrancada la carrera la panza se te llena de planteos: ¿porque? ¿Para que? Y, ¿si no llego? ¿Y si tengo que parar? ¿Y si me lastimo?
Afortunadamente, entre tu yo cobarde/boicoteador y tu yo optimista y valiente, en el momento de la carrera siempre gana el optimista.
Cuando faltan apenas 100mts, y ya podes vislumbrar el arco de llegada…ya no importa más nada. Todos los pensamientos se disipan. Ya no hay culpa, ya no hay pasado (tendría que haber entrenado más, ¿porqué me dejé estar tanto tiempo?, ¿cómo no me cuidé con las comidas?, a esta altura ya podría estaré una de 15K).
Ya no hay ansiedad, ya no hay futuro (y ¿a donde me encuentro después con quien me acompañó?  ¿Seré constante para seguir entrenando? Y podré correr alguna vez la de 21K, y si mejor me compro zapas nuevas?).
Ya no hay voces, ya no hay nada, ya no hay nadie.
Sólo estás vos, en ese momento. Todo tu cuerpo dirigiendo la energía a una sola acción, tu mente concentrada en tu ritmo cardiorrespiratorio, tu torrente sanguíneo repleto de adrenalina, el corazón coloreando la tez, la respiración, el sudor y a veces alguna lágrima calentándote la piel. Las piernas desaparecieron. Probablemente estás despeinada y con la ropa desacomodada.
No te importa como te ves,  te importa como te sentís. Te importa lo que ahora sabés.
Estás viva. Cada célula de tu cuerpo lo sabe.
Y ahí es cuando llegas. Ahí cruzaste esa línea. Estás toda rota. Cuando empezas a sentir de nuevo las piernas te das cuenta de que no hay una sola fibra que haya quedado al margen de ese esfuerzo, y todos tus músculos empiezan a latir de nuevo ansiosos por relajarse.
Pero estás ahí, presente en cada molécula de tu cuerpo. Sin ninguna duda y con una gran certeza.

Cuando cruzaste esa línea, aprendes que no importa el qué. Sólo importa el cómo.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Vos sabés!

Si tenés entre 3 y 17 años, HACETE CASO! 

Escuchate y hacele caso a lo que sentís, porque esa es la verdad, ahora es cuando sabés. Después crecés y ya no sabés más nada, solo creés que sabés un montón de cosas, pero esa no es la verdad. 


Hasta que te dignás a hacer memoria, hasta que te animás a recordar quién sos... Recién ahí te encontrás de nuevo en el camino, pero ya no con el mismo estado que tenías antes y cada paso cuesta más aire, más esfuerzo, más decisión, más explicaciones. 

Si todavía tenés entre 3 y 17 años, recordá nunca olvidar. 

Y siempre atendé a tu voz interior.



Te lo agradezo, pero no.

Ya no me ofrezcas nada!
Ya no me ofrezcas la promesa de un ascenso en mi trabajo, ni ropas más caras, autos más nuevos, relaciones más populares, viajes más frecuentes, regalos en Navidad, Internet de mayor velocidad, un hombre que me mantenga, un público que me admire ni lectores que me sigan. 
No me ofrezcas una piel más tersa, un cabello más rubio, menos celulitis, una panza más chata, una cola menos caída, una bebida más refrescante, menos tiempo y más ingresos. 
Ya no me ofrezcas más nada a cambio de nada, vida. 

Porque ya tengo todo lo que se puede desear.
Ya me tengo a mi. 

Me tengo, cada vez que canto, cada vez que bailo, cada vez que amo, cada vez que miro a los ojos y encuentro a alguien ahí adentro, cada vez que corro, cada vez que abrazo de verdad, cada vez que camino por el pasto, cada vez que lloro, cada vez que respiro profundo, cada vez que huelo la comida antes de comerla, cada vez que despierto al lado de mi hombre, cada vez que mi amiga me recuerda quien soy.
Yo ya me tengo a mi, vida. Y todo el mundo cabe adentro mío.

martes, 23 de febrero de 2016

Una historia de amor…


Como cualquier historia que se precie de tal, esta también tuvo un inicio, un (maravilloso) desarrollo con muchas e importantes enseñanzas, y un (para algunos inesperado) final.
Y así como después de leer una gran historia uno sale transformado, enriquecido y  con mayor conocimiento del alma humana, al final de esta aventura yo tampoco soy la misma.
Esta, además, es una historia de amor. De amor a la enseñanza, de amor a una cultura, de amor a la familia, de amor a tantas otras cosas que se podrían enumerar según fueron pasando los años. Pero en definitiva, de amor al ser humano. Y un amor asì nunca se termina, va tomando diferentes formas, se va trans-formando y a veces da la impresión de que algo se terminara. Pero esa es solo la sensaciòn que nuestro limitado y tan poco dinàmico ego puede ofrecernos.
El amor nunca se termina, asì como no es cuantificable ni puede decirse con certeza cuando fue que comenzó. Simplemente es. Y a través de la experiencia humana, del ejercicio del desapego y la ampliación de la conciencia, el amor se eleva, se agranda, se expresa, va ocupando cada vez mas espacio, ya no se contenta con los lìmites del cronograma establecido anualmente ni con las 4 paredes (luminosas sì, y llenas de encanto, pero estrechas). No. Te pide el espacio que le es propio, te pide ser cantado para que màs seres lo escuchen, te pide que encuentres la forma en la que pueda expandirse con màs comodidad, donde pueda manifestarse e
n toda su potencia y esplendor. Te pide fidelidad. Honestidad. Renuncia.
Nuestra relación duró 5 años. Enamorada yo, tanto de su contenido como del contenedor. Su contenido, que obviamente era el mismo que el mio, como en todas las relaciones verdaderas, las que nos sirven de espejos. Hasta que un dìa, todo eso que nos enamoraba, nos entusiasmaba, nos encantaba, nos deslumbraba, nos cargaba de energía…empezó a volverse rutinario, aburrido, vacío, absorbente, confuso, molesto, tedioso…sin propósito. Ese es el momento exacto de una relación en el que sólo quedan dos opciones : hacer un stop, reencontrarse, redefinirse, reenamorarse y quedarse para siempre ó hacer un stop, reencontrarse, redefinirse, despedirse y marchar. Pero hay que decidir, antes de que la llama perezca y nos quedemos sin luz en el camino.
Yo decidí avanzar. Sin más certezas que la voz de mi interior (y la de mi terapeuta).

CONTINUARÁ...

domingo, 14 de febrero de 2016

Mi inspiración




















Honrar la vida (Por Mercedes)

Honrar la vida (Por Eladia)

Honrar La Vida (Eladia Blázquez)

¡No! Permanecer y transcurrir
No es perdurar, no es existir
¡Ni honrar la vida!
Hay tantas maneras de no ser,
Tanta conciencia sin saber
Adormecida

Merecer la vida no es callar y consentir,
Tantas injusticias repetidas...
¡Es una virtud, es dignidad!
Y es la actitud de identidad ¡más definida!

Eso de durar y transcurrir
No nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir
¡Honrar la vida!

¡No! Permanecer y transcurrir
No siempre quiere sugerir
¡Honrar la vida!
Hay tanta pequeña vanidad,
En nuestra tonta humanidad
Enceguecida

Merecer la vida es erguirse vertical,
Más allá del mal, de las caídas...
Es igual que darle a la verdad,
Y a nuestra propia libertad
¡La bienvenida!

Eso de durar y transcurrir
No nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir
¡Honrar la vida!